Tuesday, July 04, 2006

Ornette Coleman Quartet

School Work
Eric Dolphy

God Bless The Child
Bill Evans Trio

Waltz For Debby
Thelonious Monk Quartet

Epistrophy
John Coltrane live

Naima

Monday, July 03, 2006

Miles Davis Quintet 1964

So What

Wednesday, June 14, 2006

Qué resplandor de tu infinita Hungría...

Anda, si yo tenía un blog. Bueno, tendremos que hacer algo por la patria, que la afición me reclama (juas!).

Creo que fue Brian (también conocido como Little Turtle) quien se interesó hace unas semanas (disculpe el retraso) por algunas recomendaciones del gran compositor húngaro Béla Bartók, así que aquí estamos dispuestos a satisfacer su petición. Lo haré de la siguiente manera: ahora voy a dejar un link de megaupload con una de mis obras favoritas del genio, el 4º Cuarteto de cuerda, y en días sucesivos iré editando la entrada para dejar nuevos links de los que os podréis bajar nuevas y maravillosas piezas.

Por lo que respecta al 4º Cuarteto de cuerda, comentaros que ésta es la obra con la que me enganché perdidamente a la música de Bartók, y también fue la primera con la que creí percibir la belleza de la buena música de vanguardia. Bartók era un tipo obsesionado con la simetría y la perfección formal, y en este cuarteto emplea magistralmente una estructura en forma de palíndromo, en la que el primer y el último movimiento están relacionados, del mismo modo que el segundo y el cuarto, actuando el sublime tercer movimiento como una mágica bisagra.

Esta es una música vibrante y que funciona con la precisión de un reloj suizo. Además Bartók emplea numerosos y llamativos efectos especiales, como glissandi, sordinas, y asombrosos pizzicati percutivos (conocidos de hecho como "pizzicati alla Bartók"). De la fascinante música de insectos del segundo movimiento, "Prestissimo con sordino", a la bárbara orgía de la feroz danza final, la música del compositor magiar nunca deja de sorprender. Pero es el magnifíco "Non troppo lento", pieza central del palíndromo, el momento más cautivador de todos. Se trata de una de las célebres músicas nocturnas de Bartók, en la que nos da la impresión de encontrarnos perdidos en un bosque en mitad del crepúsculo, escuchando hipnotizados los extraños sonidos de insectos y aves exóticas.

Aquí tenéis el link prometido

http://www.megaupload.com/es/?d=DJQ46H03

No os lo perdáis, no tiene desperdicio

(El título de esta entrada es un verso de Borges, para los curiosos)


Wednesday, March 15, 2006

Concierto Barroco

... subió el Maestro al podium, agarró un violín, alzó el arco, y, con dos gestos enérgicos, desencadenó el más tremendo concerto grosso que pudieron haber escuchado los siglos -aunque los siglos no recordaron nada, y es lástima, porque aquello era tan digno de oírse como de verse...- Prendido el frenético allegro de las setenta mujeres que se sabían sus partes de memoria, de tanto haberlas ensayado, Antonio Vivaldi arremetió en la sinfonía con fabuloso ímpetu, en juego concertante, mientras Domenico Scarlatti -pues era él- se largó a hacer vertiginosas escalas en el clavicémbalo, en tanto que Jorge Federico Haendel se entregaba a deslumbrantes variaciones que atropellaban todas las normas del bajo continuo. "¡Dale, sajón del carajo!" -gritaba Antonio-. "¡Ahora vas a ver, fraile putañero!", respondía el otro, entregado a su prodigiosa inventiva, en tanto que Antonio, sin dejar de mirar las manos de Domenico, que se le dispersaban en arpegios y floreos, descolgaba arcadas de lo alto, como sacándolas del aire con brío gitano, mordiendo las cuerdas, retozando en octavas y dobles notas, con el infernal virtuosismo que le conocían sus discípulas. Y parecía que el movimiento hubiese llegado a su colmo, cuando Jorge Federico, soltando de pronto los grandes registros del órgano, sacó los juegos de fondo, las mutaciones, el plenum, con tal acometida en los tubos de clarines, trompetas y bombardas, que allí empezaron a sonar las llamadas del Juicio Final. "¡El sajón nos está jodiendo a todos!"- gritó Antonio, exasperando el fortissimo-. "A mí ni se me oye"- gritó Domenico, arreciando en acordes-. Pero, entretanto, Filomeno había corrido a las cocinas, trayendo una batería de calderos de cobre, de todos tamaños, a los que empezó a golpear con cucharas, espumaderas, rollos de amasar, tizones, palos de plumeros, con tales ocurrencias de ritmos, de síncopas, de acentos encontrados, que por un espacio de treinta y dos compases lo dejaron solo para que improvisara. "¡Magnífico!, ¡magnífico! -gritaba Jorge Federico-. "¡Magnífico!, ¡magnífico! -gritaba Domenico, dando entusiasmados codazos al teclado del clavicémbalo-. Compás 28. Compás 29. Compás 30. Compás 31. Compás 32. "¡Ahora!" -aulló Antonio Vivaldi, y todo el mundo arrancó sobre el da capo, con tremebundo impulso, sacando el alma a los violines, oboes, trombones, regales, organillos de palo, violas de gamba, y a cuanto pudiese resonar en la nave, cuyas cristalerías vibraban, en lo alto, como estremecidas por un escándalo del cielo.

Alejo Carpentier: Concierto barroco


El Bosco - El Juicio Final

Friday, March 10, 2006

Fuego Negro

Andrew Hill es uno de los grandes olvidados de la historia del jazz. El pianista de Chicago firmó a principio de los sesenta un jazz totalmente desprovisto de convencionalismos, de una libertad rítmica y armónica sorprendente. Es una lástima que sus discos pasaran relativamente desapercibidos entre los de sus contemporáneos Ornette Coleman y John Coltrane, porque el de Hill es un jazz de altura, ambicioso y tremendamente personal. Alfred Lion, el padre de Blue Note, supo reconocer al instante el genio del pianista, después de escucharlo en una sesión liderada por Joe Henderson. Los frutos de aquel flechazo fueron los cinco discos, todos ellos con composiciones originales, que Hill grabó en un período de apenas ocho meses. (!)

Últimamente parece que Blue Note quiere reivindicar la figura de Hill, ya que ha reeditado, con el sonido de lujo de la Rudy Van Gelder Edition, esos cinco primeros discos. Al menos tres de ellos merecen, si no lo tienen ya, el estatus de clásicos. Estoy hablando de...


Black Fire (1963)

Andrew Hill, piano - Joe Henderson, saxo tenor - Richard Davis, bajo - Roy Haines, batería

Debut de Hill como líder para Blue Note. Podemos decir que éste es un jazz que, aún sonando como ningún otro, todavía mira de reojo al hard bop. El resultado es uno de esos discos que a mí particularmente me vuelven loco. La banda está a la altura de las brillantes y muy originales composiciones de Hill. "Black Fire" marca el inicio de la fructífera relación entre el pianista y Richard Davis, uno de mis contrabajistas preferidos.

Judgment! (1964)

Andrew Hill, piano - Bobby Hutcherson, vibráfono - Richard Davis, bajo - Elvin Jones, batería

Maravillosa sesión, con un Bobby Hutcherson en estado de gracia. Más avant-garde que otra cosa, "Judgment!" es una delicia para los oídos. Elvin Jones funciona especialmente bien en este contexto, todo pasión y entrega. El primer tema, "Siete Ocho", aparte de tener un ritmo en ídem, cuenta con una de las figuras de bajo más memorables que servidor haya escuchado nunca. El refinamiento armónico de los solos de Hill, su aérea concepción del ritmo, tal vez se aprecien aquí mejor que en ningún otro disco.

Point Of Departure (1964)

Andrew Hill, piano - Eric Dolphy, saxo alto, flauta y clarinete bajo - Joe Henderson, saxo tenor - Kenny Dorham, trompeta - Richard Davis, bajo - Tony Williams, batería

Y llegamos a la que indiscutiblemente es una de las obras maestras del jazz de todos los tiempos, uno de mis discos favoritos de siempre, y otra exhibición de uno de mis jazzmen predilectos, Eric Dolphy. Los temas de Hill nunca podrían estar mejor arreglados, y nunca podrían sonar mejor. Esto es algo así como el "Brilliant Corners" de los 60 (y no es descabellado comparar a Hill con Monk). Dolphy devora vivos a los demás metales, pero es que estamos hablando de Dolphy. Tony Williams, a sus tiernos 17 añitos (!), golpea la batería como un poseso. En fin, la locura.

Como os dije anteriormente, Blue Note está reivindicando a Hill, que en la actualidad padece cáncer. Además de las reediciones de sus discos (algunos de ellos imposibles de encontrar hasta entonces) el mítico sello también está publicando sus últimos trabajos, después de una época de ostracismo. Ahora acaba de salir "Time Lines", que estoy seguro que merece mucho la pena. El fuego negro nunca se apaga...

Thursday, February 23, 2006

Zorn & Douglas, Douglas & Zorn






Zorn, Douglas, Laswell, Patton, Burger & Perowsky - The Stone, Issue One (Tzadik, 2006)

John Zorn y Dave Douglas son una garantía de calidad en cualquier proyecto que emprendan. Este nuevo disco, editado en el sello del saxofonista neoyorquino, no es una excepción. Estos gigantes del jazz contemporáneo ya colaboraron en Masada, la legendaria banda fundada por Zorn. Aquí se hacen acompañar por un sólido grupo, en el que destacan los teclados de Rob Burger y el inconfundible bajo del gran Bill Laswell. Grabado en directo en el club The Stone, en el corazón de la Gran Manzana, es esta una reunión que alterna texturas etéreas y contemplativas con la más desenfadada experimentación, e incluso algún que otro groove irresistible. Es un verdadero placer escuchar la picante trompeta de Douglas fundiéndose con el saxo denso y poderoso de Zorn. No se lo pierdan.


Monday, February 20, 2006

Werckmeister Harmonies


En el Festival de Cine Europeo de Sevilla de este año pusieron toda la filmografía (unas 10 ó 12 pelis) del cineasta húngaro Béla Tarr, un tipo que, hasta ese momento, yo ni siquiera sabía que existía, aunque supongo que para el cinéfilo medio no debe de ser un completo desconocido. Bueno, a lo que iba. Las películas de nuestro amigo Béla fueron sin duda lo mejor del Festival. Otra gran aportación de un "Béla" a la cultura universal (junto a las de Béla Bartók y Béla Lugosi).

Todas las películas de Tarr me parecieron extraordinarias, fascinantes, hipnóticas, tremendamente personales. Pero fue esta "Werckmeister harmonies" la que más me gustó. "Werckmeister harmonies" comienza con un increíble plano secuencia de unos diez minutos: una típica (?) taberna húngara, con sus típicos borrachines y demás personajes típicamente entrañables, entre los que se encuentra el protagonista de la cinta, un peculiar y ensimismado joven que de pronto, para asombro de los presentes, comienza a disertar extrañamente sobre el sistema solar, y monta allí mismo una delirante performance en la que la triste y desnuda bombilla de la taberna hace las veces de un Sol en torno al cual los alcohólicos simulan, dando cómicos traspiés, los movimientos de rotación y de traslación de los planetas. (!)

Lo primero que cualquier ser humano dirá después de ver una película de Béla Tarr es el célebre: "es una peli muy lenta". Y tendrá razón. Pero qué prodigio de lentitud. En "Werckmeister harmonies" se suceden los interminables paseos del joven protagonista por las callejuelas desiertas de un pueblucho perdido en mitad de la estepa (?) húngara. El principal recurso de Tarr es el plano secuencia, y vive Dios que en esta película hay algunos de los mejores planos secuencia que he visto nunca. Eternos planos secuencia donde todo está calculado al milímetro. Pero ¿cuál es el argumento de "Werckmeister harmonies"?.

Pues básicamente es éste: a un pequeño pueblo húngaro, por el que pasea sin descanso nuestro protagonista, llegan algo así como unos feriantes con un enorme camión dentro del cual se expone al público una gigantesca ballena azul. Este acontecimiento propicia una serie de bellísimas escenas dignas del mejor realismo mágico, pero también será el desencadenante de la tragedia. Y no os digo más.

Como no podía ser de otra manera, la película acaba con un monumental plano secuencia de, no sé, ¿15 minutos?, ¿20 minutos?, en mitad una orgía de violencia, sugerida, más que explícita. El emule se inventó para que uno se pueda bajar películas como "Werckmeister Harmonies".

Un tal Lucas, un tal Cortázar

Lucas, sus críticas a la realidad

Jeckyll sabe muy bien quién es Hyde, pero el conocimiento no es recíproco. A Lucas le parece que casi todo el mundo comparte la ignorancia de Hyde, lo que ayuda a la ciudad del hombre a guardar su orden. Él mismo opta habitualmente por una versión unívoca, Lucas a secas, pero sólo por razones de higiene pragmática. Esta planta es esta planta, Dorita = Dorita, así. Sólo que no se engaña y esta planta vaya a saber lo que es en otro contexto, y no hablemos de Dorita porque.

En los juegos eróticos tempranamente encontró Lucas uno de los primeros refractantes, obliterantes o polarizadores del supuesto principio de identidad. Allí de pronto A no es A, o A es no A. Regiones de extrema delicia a las nueve y cuarenta virarán al desagrado a las diez y media, sabores que exaltan el delirio incitarían al vómito si fueran propuestos por encima de un mantel. Ésto (ya) no es ésto, porque yo (ya) no soy yo (el otro yo).

¿Quién cambia allí, en una cama o en el cosmos: el perfume o el que lo huele?. La relación objetiva-subjetiva no interesa a Lucas; en un caso como en otro, términos definidos escapan a su definición. Dorita A no es Dorita A, o Lucas B no es Lucas B. Y partiendo de una instantánea relación A = B, o B = A, la fisión de la costra de lo real se da en cadena. Tal vez cuando las papilas de A rozan delectablemente las mucosas de B, todo está resbalando a otra cosa y juega otro juego y calcina los diccionarios. El tiempo de un quejido, claro, pero Hyde y Jekyll se miran cara a cara en una relación A => B / B => A. No estaba mal aquella canción del jazz de los años cuarenta, Doctor Hekyll and Mister Jyde...